CRÓNICA
UN DÍA MÁS EN LA LONDRES DE LATINOAMÉRICA
El sábado 22 de enero de 2025 comenzó temprano. A las 7 de la mañana, abrí los ojos y, como cada sábado, prendí la televisión para ver futbol inglés, hasta que decidí meterme a bañar a las 8:30. Salí, me vestí y a desayunar unos chilaquiles.
A las 9:45, preparé mi mochila: guardé una hoodie y una gorra, y salí rumbo al banco para sacar dinero. Desde ahí, tomé una combi con dirección a Cuatro Caminos. El recorrido fue rápido; en cuestión de minutos ya estaba en el metro, viajando hasta Bellas Artes.
Mi destino era el Palacio de Minería, donde se lleva a cabo la Feria del Libro. Tenía que asistir como parte de una tarea, así que dediqué una hora a recorrer los pasillos, observando stands y hojeando libros. Al salir, aún era temprano, así que decidí caminar por el Centro.
Paseé por Bellas Artes y, como parte de mi tradición, me dirigí a la Alameda. Es uno de mis lugares favoritos: Ahí, entre el bullicio tranquilo de los puestos y la sombra de los árboles, encontré mi momento. Me gusta comprar algo sencillo, sentarme y dejar que el tiempo se escurra sin prisa. Esta vez, una señora con una playera de Cruz Azul llamó mi atención. Sin pensarlo mucho, le compré unos Cheetos, quizás como un pequeño gesto de complicidad porque es mi equipo. Luego, me acerqué a un señor carismático que vendía raspados y pedí uno de limón como un recuerdo de mi infancia. El frío y ácido sabor me despertó una sonrisa. Sin darme cuenta, el tiempo voló. Cuando miré el reloj, ya era la una de la tarde.
Decidí regresar. Tomé el mismo recorrido de vuelta: Bellas Artes-Cuatro Caminos. Sin embargo, antes de llegar a casa, me bajé unas cuadras antes. Los sábados, frente a mi ex casa a donde llegué por primera vez a la capital se instala un tianguis y, a solo cinco minutos de ahí, hay un puesto de hamburguesas al carbón que me encanta. Mi plan era comer ahí, porque así es la experiencia enfrente de un parque, pero la cantidad de gente me hizo cambiar de idea. Venía del metro y no tenía dónde lavarme las manos ni usar gel anti bacterial, así que mejor pedí mi hamburguesa con papas para llevar.
Tomé otra combi y finalmente llegué a casa a las 2:40. Lo primero que hice fue lavarme las manos y prender la televisión para ver el juego del Barcelona. Después de varias horas en la calle, me di un descanso de 4 a 5 de la tarde. Lo que siguió fue un cierre perfecto para mi día: desde las 5 hasta las 11 de la noche, solo me dediqué a ver nuestra gloriosa y muy criticada pero al final nuestra Liga MX.
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