Artículo de opinión 28-2
El espejismo de la movilidad social en México
Por Bruno Luna
Ciudad de México, 28 de febrero de 2025
El informe del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) no hace más que confirmar una realidad lacerante: en México, la cuna sigue determinando el destino. El hecho de que el 75% de quienes nacen en situación de pobreza permanezcan en ese mismo estrato a lo largo de su vida es una muestra clara de que la movilidad social en el país es, en el mejor de los casos, una excepción y no la regla. Además, solo el 2% de quienes nacen en el quintil más bajo logran ascender al quintil más alto de ingresos, lo que refleja una barrera casi infranqueable para la mayoría de la población.
Durante años, el discurso oficial ha intentado imponer la noción de que el esfuerzo personal es fundamental para mejorar la calidad de vida. "Si te esfuerzas, lograrás avanzar", nos repiten sin cesar. No obstante, las pruebas indican que esto es un engaño. En una nación donde el acceso a educación de calidad, servicios de salud y empleos bien remunerados depende del contexto socioeconómico, es irreal pensar que únicamente la determinación para mejorar puede liberar a las personas de la desigualdad estructural. Según el CEEY, mientras el 48% de los hijos de familias con altos ingresos acceden a la educación superior, apenas un 6% de quienes provienen de hogares de bajos ingresos alcanzan el mismo nivel académico.
Las clases dominantes en lo económico y político han sido las que más han sacado provecho de esta falta de cambio. Un modelo en el que las riquezas se transmiten de generación en generación y donde las posibilidades se reparten de forma tan desigual mantiene la división de una sociedad entre aquellos que pueden disfrutar de una existencia digna y quienes tienen que resignarse a simplemente existir. El análisis también menciona que el 52% de los individuos que nacen en el estrato más elevado continúan en ese mismo nivel, lo que refuerza la noción de que el privilegio se hereda y las oportunidades no están distribuidas de manera justa.
La Jornada
La carencia de movilidad social no es únicamente un desafío económico, sino que representa también un riesgo para la estabilidad nacional. En una sociedad donde muchos se sienten atrapados en un ciclo de pobreza, se fomenta el resentimiento, la frustración y, con el tiempo, puede surgir el conflicto social. No es coincidencia que en los últimos años hayamos sido testigos de un aumento en la polarización y descontento hacia las instituciones.
Las soluciones no son fáciles, pero deben ser implementadas con urgencia. Es fundamental realizar una reforma educativa integral que no solo proporciona acceso a la educación, sino que también garantice su calidad en todos los niveles. Además, es esencial mejorar las políticas de salud y seguridad social, así como crear condiciones para que el mercado laboral ofrezca trabajos bien remunerados y con derechos. De acuerdo con el CEEY, reducir la brecha educativa podría incrementar la movilidad social en un 30%, lo que subraya la relevancia de esta política.
Además, es crucial promover políticas fiscales progresivas que redistribuyen la riqueza de manera más equitativa. Un sistema impositivo más justo permitiría destinar más recursos a programas de educación, salud y empleo, lo que a su vez contribuiría a mejorar las oportunidades para los sectores más desfavorecidos. Sin una redistribución efectiva de la riqueza, cualquier esfuerzo por mejorar la movilidad social será insuficiente y seguirá beneficiando solo a una minoría privilegiada.
Pero, sobre todo, se requiere voluntad política para romper con un modelo que ha beneficiado a unos pocos a costa de la mayoría. Mientras no se ataque la raíz del problema, seguiremos viendo generaciones enteras condenadas a vivir en las mismas condiciones de sus padres, sin esperanza de un futuro distinto. La movilidad social en México, más que una posibilidad, sigue siendo un espejismo.
Entre los tres postes:
La información valida lo que ya es claro: en México, el lugar de nacimiento sigue marcando el futuro. Que el 75% de los individuos que nacen en circunstancias de pobreza no logren superarla evidencia que la movilidad social es casi inalcanzable. Sin acceso a educación de calidad, empleos dignos y políticas públicas eficientes, la desigualdad se mantiene, dejando a millones sin posibilidades reales de avance. Esto no solo detiene el progreso del país, sino que también crea descontento social y divisiones. Se requiere un cambio estructural que asegure oportunidades verdaderas de ascenso para todas las personas.
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